Imprescindible diferenciarlas para poder tratar de forma adecuada.

Finalizada la época estival muchas personas (en la mayoría de los casos mujeres) se encuentran con zonas faciales en mayor o menor medida oscurecidas, lo que comúnmente conocemos como manchas. Esto es debido a las largas horas expuestos al sol durante muchas semanas y no siempre aplicar de forma correcta el factor de protección solar es suficiente para evitar el oscurecimiento de estas lesiones. En este artículo de hoy vamos a centrarnos en un problema que sufren miles de mujeres en todo el mundo como son las manchas solares y el melasma.

Comenzaremos diferenciando estos tipos de lesiones pigmentadas que, si bien ambas tienen un origen en los melanocitos de la piel que se encargan de generar la melanina, sus etiologías son diferentes. Y por lo tanto también su planteamiento a la hora de afrontar el problema.

Las manchas en la piel principalmente se forman a partir de la cuarentena por un exceso de exposición solar sin protección durante los años anteriores. A medida que vamos envejeciendo nuestros melanocitos no son capaces de generar una barrera homogénea de melanina para protegernos de las radiaciones ultravioletas y por ello vemos esas lesiones pigmentadas tan características en forma de lentejas por lo que adquieren el nombre de lentigos solares. Las zonas más comunes de aparición suelen ser, obviamente, las más fotoexpuestas como son la cara, el escote y el dorso de las manos. Para este tipo de lesiones uno de los tratamientos más rápidos, seguros y eficaces es la utilización de fuentes de luz como puede ser la “luz intensa pulsada”. La luz emitida tiene una preferencia por los pigmentos de estas manchas y lo que producirán es un efecto de oxidación de estas manchas que los llevará a convertirse en unas costras muy superficiales y oscurecidas. Transcurridos unos 7-9 días estas costras irán descamándose, dejando el color de la piel más uniforme. Lo más habitual en este tratamiento es repetir el tratamiento entre 2 y 4 sesiones espaciadas en 1 mes. El medico especialista se encargará de evaluar y orientar al paciente en cuanto al numero de sesiones necesario y el protocolo a seguir.

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El Melasma

En el caso del melasma estamos hablando también de una lesión pigmentada (también puede ser vascular en ocasiones) pero con una etiología muy diferente a las manchas faciales. De hecho, el melasma puede tener varios orígenes diferentes lo que dificulta mucho más su tratamiento.

Los principales factores asociados al melasma son: embarazo, genéticos (hereditarios), raciales y también debido a la administración de estrógenos y/o medicación anticonceptiva. Tiene un marcado componente hormonal y por ello se manifiesta mayoritariamente en mujeres de edad joven. Cuando aparece durante el embarazo se denomina cloasma y en ambos casos aparecen como unas placas de color que pueden ser marrones o también grisáceas o parduzcas. Se localizan de forma simétrica en ambos lados de la cara, cuello, frente y zona superior del labio. Generalmente afecta a mujeres con fototipos oscuros de piel (III – VI) como suelen ser los de origen mediterráneo o asiático.

¿Cómo tratamos el melasma?

Antes de tratar el melasma hay que obtener un diagnóstico lo más preciso posible para determinar la profundidad de la lesión y, por lo tanto, el tratamiento de elección. La luz de Wood es un tipo de luz negra que resaltará las lesiones visibles e invisibles y nos permitirá evaluar la profundidad del melasma en la piel.

Tipos de Tratamiento para el melasma.

Los tratamientos del melasma pueden ser múltiples y en ocasiones se deben combinar unos con otros. Tradicionalmente se ha utilizado la combinación de tres elementos como son la hidroquinona (blanqueante), ácido retinóico (exfoliante) y corticoide tópico a baja concentración (antiinflamatorio). Entre los distintos tipos de tratamientos encontramos: fármacos tópicos o fuentes de luz. El objetivo a alcanzar será el blanqueamiento de la lesión de la forma más segura para la piel.

Los fármacos tópicos están basados en componentes químicos que actúan sobre la inhibición de la melanina, la exfoliación de la piel para tratar de regenerarla y, por último, reducir la inflamación de los tejidos. Uno de los activos más conocidos utilizado hace años era la hidroquinona (del 2%-4%). Otros agentes inhibidores de la melanina como el ácido kójico, el ácido azeláico el rucinol entre el 0,3% y el 0,1% o los decapéptidos que son una nueva clase de inhibidores. Estos a su vez pueden combinarse con otros agentes exfoliantes que regenerarán las capas superficiales de la piel como son el ácido salicílico y el ácido glicólico, entre otros.

Como parte final del abordaje del melasma encontramos los tratamientos con métodos físicos como los láseres IPL. En el caso de los láseres se emplean los mismos que en la eliminación de tatuajes y su manejo debe ser siempre realizado por personal médico específicamente entrenado para evitar indeseados efectos secundarios. Al igual que con la luz pulsada intensa (IPL) donde se busca producir de forma controlada la oxidación de la melanina mediantes pulsos de luz que se aplican sobre el área con las lesiones.

Conclusiones sobre el melasma.

El melasma es una patología crónica que representa un reto a los profesionales médicos por tener diversas causas que lo producen. Suelen manifestarse más durante los periodos estivales y haciéndose casi imperceptible durante los meses de invierno. Por ello el tratamiento del melasma siempre debe entenderse como un tratamiento combinado donde en el primer escalón siempre estará posicionada la fotoprotección solar (repetida durante el día) tanto en invierno como en verano. Seguida por el tratamiento combinado de agentes blanqueadores e inhibidores de la melanina como hemos visto anteriormente y como última línea de actuación los láseres (fraccionados, ablativos, semiablativos) y las fuentes de luz intensa pulsada. Y por supuesto bajo estricto control médico.

El paciente con melasma debe saber que, en la mayoría de los casos, aunque el melasma se puede tratar durante los meses más fríos dejando las lesiones prácticamente inapreciables a la vista es muy posible que una vez vuelva la época estival, con la exposición solar y la usencia de uso del factor de protección, el melasma volverá a aparecer.